Crucero por los fiordos noruegos


 

Asociar Noruega a los Fiordos es todo uno. ¡Y no es para menos! Semejante despliegue de naturaleza no puede dejar indiferente! Si además, este viaje se hace desde el agua en un crucero, la sorpresa es, aún mayor, puesto que los paisajes, emergiendo desde la proa son todo un espectáculo que deja los sentidos fuera de combate…

Os contamos nuestro viaje a este destino tan especial…

¿Nos acompañas?

Primer viaje del Empress a los fiordos

Estrenar es siempre algo que nos gusta, pero cuando se trata de una ruta inaugural de un viaje, especialmente un crucero, se vuelve si cabe aún más interesante. Las maniobras de atraque y desatraque en los puertos son una prueba de pericia y despliegue de medios, la tripulación tiene tantas ganas como el pasaje de llegar a los sitios y descubrir los nuevos lugares, el Capitán y sus oficiales se dejan ver bastante y están muy comunicativos y los pasajeros no van tan viciados con lo que se ha escuchado o leído antes.

En esta ocasión, y apenas sin saberlo, tuvimos la oportunidad de hacer el crucero inaugural de los Fiordos de Noruega, con la española Pullmantur, “la de la ñ”. Bastantes agentes de viaje a bordo, profesionales de turismo de diverso pelaje, prensa… y por supuesto, pasajeros, que quizá viajaban más ajenos a las características de un viaje como este. Muchas y buenas cámaras a bordo, que en breve mostrarán sus mejores instantáneas y comentarios en catálogos, folletos, blogs, redes sociales y todo el despliegue de medios que hoy nos acompañan.

¡Desde aquí va nuestro granito de arena para explicar una ruta bien bonita por la Europa más nórdica!

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Embarcando en Copenhague, donde se llega en vuelo desde los distintos puntos de origen, según la hora de llegada puede dar más o menos tiempo a pasar a saludar a la Sirenita y pasear por los canales de la ciudad…  bueno, evidentemente, por las aceras, paseos y puentes que bordean dichos canales! Si se conoce ya la ciudad, es buen momento para quedarse en el barco, hacer el “reconocimiento”, ir tomando posiciones, deshacer la maleta y tomar el aire fresco en cualquiera de sus cubiertas acompañándose de una bebida… ah, que buenos son los “todo incluido”! Ahora si empieza el viaje…

Una vez cerradas las puertas del buque y todos los pasajeros a bordo, se insiste por megafonía en la importancia del simulacro de emergencia que se va a realizar antes de zarpar. Cualquiera que haya hecho un crucero habrá participado en estos ejercicios, en los que todos los pasajeros desde las cabinas, salen con los chalecos salvavidas puestos, y la tripulación en sus puestos van indicando los pasos a seguir. Pero esta vez nos ha sorprendido la meticulosidad y detalle con que se ha llevado a cabo. Primero, por hacerlo antes de zarpar (generalmente se hace ya navegando, e incluso al día siguiente!), y luego la meticulosidad con que se ha realizado. Al igual que otros detalles que hemos visto en este viaje, como ejercicios de actuación en emergencias de la tripulación, desembarco y prueba de las barcas salvavidas en puertos… etc. nos ha dado la impresión de una mayor sensibilidad hacia algo tan importantes en la vida del crucerista, pero que tan a la ligera se suele tomar. No sabemos si será a raíz del accidente del Costa Cruceros en Italia, lo que parece una razón de peso, pero la verdad, que da más seguridad y se agradece.

A la hora indicada, con el toque de la potente sirena del barco, el capitán pondrá rumbo norte hacia tierras noruegas, territorio de vikingos y Trolls, donde la tierra y el mar se hacen uno en sus miles de millones de recovecos de las más irregulares formas, que no se sabe si el mar ha ido excavando en la tierra, o si ha sido esta la que se ha retirado ante el azul elemento…

Un día completo de navegación, para disfrutar de la belleza del mar en todo su esplendor, del infinito azul que no tiene fin y se funde con las distintas tonalidades del cielo, o quizá sea el cielo quien se funde con el del mar…?

Los más animados pueden disfrutar a tope de las innumerables actividades del equipo de animación del barco, los más tranquilos leer frente a las cristaleras o contemplar el paisaje, los sociales relacionarse, los íntimos quedarse en el camarote… Esa noche estaba prevista la famosa “cena de gala” de los cruceros y el cócktel con el Capitán, pero él mismo nos informa que al salir a mar abierto, el barco se va a mover bastante y se hará otro día con mejores condiciones. No llega a decir literalmente “tomen biodraminas como golosinas” pero se intuye la intención ;-). No fue para tanto ¿o quizá sí? O lo sería para algunos, pero desde luego es de agradecer estar informados de cómo van las previsiones.

Mientras, se van avanzando millas, 365 que nos separan de nuestro primer puerto, en kilómetros unos 650, a una velocidad máxima de 20 nudos por hora (unos 36 km/h). Vamos a velocidad de barco, porque en el mar, las distancias y el tiempo cobra otro sentido.

 

La ruta de los fiordos

Amanecemos en Stavanger, donde pisaremos ya por primera vez tierra nórdica y nos encontraremos los primeros Trolls y un avance de la naturaleza que poco a poco, in crescendo, como si no quisiera asombrarnos tan de golpe, nos irá sorprendiendo en esta ruta. Esta ciudad no es de las que más llamen la atención, pero es agradable pasear por sus calles tranquilas y sentir el ritmo noruego, el orden en el asfalto, la limpieza en general y el frescor del aire… ¿he dicho frescor?? ¡¡Frío, mucho frío!!… y más pensando que venimos de una ola de calor en España que nos ha dado temperaturas de hasta cerca los 40º… Aquí veremos las primeras casitas típicas de madera de colores que nos acompañarán todo el viaje y queda en la memoria la subida al Púlpito, la famosa plataforma de piedra que emerge en lo alto, con una vista de vértigo de los fiordos a los pies…

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De nuevo el Capitán al habla, saldremos más tarde de lo previsto hacia el siguiente puerto con el objetivo de dar tiempo a que se vaya alejando una borrasca que nos precede. Da gusto ver como velan por la comodidad del pasaje y cómo no se escatima en informarnos de cómo van las cosas en nuestro hogar flotante de una semana.

Aún así, la mañana nos despierta atracando en el puerto de Bergen, famosa ciudad Noruega, cuya imagen se ve en casi todos los folletos y catálogos del país. Las casitas de madera frente al puerto, coloridas y torcidas (sí, torcidas) no nos son desconocidas a nadie, aunque sea la primera vez que se visite el lugar. Es lo que tiene el turismo!

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En el centro, un mercado del pescado, donde se habla español desde dentro de los mostradores. O somos muchos los españoles que viajamos aquí, o son muchos los que trabajan en Noruega ¿o quizá un poco de ambos? Salmón en varios formatos (fresco, ahumado, marinado, al estilo Bergen…) nos saluda por cada rincón, así como distintos pescados, caviares y hasta carne de ballena. También se puede probar todo in situ, bien en pequeñas dosis que ofrecen los tenderos como cata del producto, o en los puestos donde se sirve cocinado al calor de las estufas de exterior. Y todo esto con unas hermosas vistas!

 

Dicen que Bergen es “la puerta de los fiordos”, y de hecho, a partir de aquí vemos cambiar el paisaje. La noche no es noche; estamos en las puertas del verano y el “Sol de Medianoche”, ese que nunca se pone, cada vez se hace más patente, dejándonos disfrutar aún más del lugar mágico por el que nos deslizamos…

Son las 11 de la noche y hay luz como si fueran las 5 de la tarde, pese a las nubes que se empeñan en afear el paisaje, pero que ni ellas lo consiguen. El barco sigue avanzando a su ritmo tranquilo, y somos testigos privilegiados de la naturaleza en estado más puro…

 

Sin tener claro si es amanecer o un atardecer interminable, las primeras horas de la mañana nos sorprenden en un nuevo entorno. Hemos pasado de lugares abiertos y lomas tranquilas sembradas de pueblecitos a los verdaderos fiordos en los que todos pensamos cuando escuchamos esta palabra…

Enormes paredes verticales a ambos lados nuestro, cortados impresionantes que terminan en el mar y que se intuye que continúan impertérritos bajo él, recovecos inimaginables donde el agua se hace protagonista, multitud de cascadas de agua fresquísima que caen desde lo alto marcando unos serpenteantes y encantadores caminitos blancos en la verticalidad de la roca, casas súper aisladas en lugares imposibles donde te preguntas cómo llegarán y cómo se habrán construido, todo un abanico de verde brillante contrastando en la oscura roca y el impoluto blanco de la nieve que resplandece desde lo alto…

Observar el entorno es único, pero mirar las caras de todos, pasajeros y tripulación contemplando esto, tampoco tiene desperdicio. Es bonito ver el asombro en todos, y sobre todo en aquellas personas que trabajan en el barco, acostumbradas a tantas cosas, ver el brillo en sus ojos, sacándose fotos y disfrutando como nosotros, es lo que marca la diferencia en un “primer viaje”. Porque quieras que no, la indiferencia a veces se puede contagiar, y sería un pecado no emocionarse ante estas vistas.

 

Así llegamos a Flaam, el final de un fiordo tan estrecho que te preguntas cómo ha cabido nuestro pedazo de barco. Nos cuentan que es el fiordo más profundo del mundo, con más de 1.3 km bajo nuestra quilla, 1300 m de profundidad!!!! Con razón se llama el Fiordo de los Sueños…Imprescindible desde aquí subir al famoso tren de Flaam, el tren de montaña de vía normal de Europa que sube a más altura. Puede dar un aire a los de los Alpes Suizos, pero ahí son de cremallera. Es un tren panorámico, donde no solo te llevan, sino que te explican (sí, también en español!) lo que vas viendo, los nombres de las gargantas, los ríos, las cumbres, las cascadas… y como premio, al llegar al final, nos encontramos con que todo está blanco, nevado y donde la lluvia de algunos tramos se ha convertido en nieve, y disfrutar de los copos en este rincón es una sensación de lo más agradable!

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Los fiordos son casi infinitos, verlos en un mapa casi marea, y es imposible recorrerlos todos en una vida, por larga que sea… Pero se han elegido los mejores, el más largo y el más espectacular. Los 3 días que se pasa navegando entre ellos son una experiencia, no hace falta más que mirar, contemplar y disfrutar.

Un lugar donde se produce una mezcla de elementos tan extraña como un enorme barco de crucero, una pradera, ovejas pastando tranquilamente y nieve, todo en el mismo fotograma, es sin duda algo diferente que sólo ocurre en lugares así…

El día nacional de Noruega

Por si el despliegue de la naturaleza no fuera bastante, vamos a participar en un momento importante en la vida de los noruegos: el 17 de mayo es el día de Noruega, festivo y muy especial, celebrado por todo lo alto y de una manera bien vistosa; se visten con sus trajes típicos y desfilan por las calles de todas las poblaciones en bandas de música, moviendo las banderas y con evidente cara de felicidad y satisfacción.

Pero además, tenemos una celebración doble.

Llegamos a otro final de fiordo, a un pueblito bien pequeño llamado Hellesyt donde acaban de construir la terminal para barcos de crucero ¡y somos el primer barco en atracar en él!

Desde la cubierta más alta del barco llama la atención la multitud de puntitos negros que se ven en el

pantalán, son noruegos, que se ve cómo se van acercando desde todas partes para acudir a nu

estra bienvenida. Van todos ataviados con tus trajes típicos y nos saludan con verdadera pasión.

No es para menos… sin duda es un chute a la economía del lugar el desembarco de varios cientos, si no miles, de personas que

molestan lo justo al estar tan solo unas horas, suficientes para dejar un dinero que siempre va bien a las arcas de una población.

Están las autoridades, la televisión noruega que retransmite en directo nuestra llegada y la entrega al Capitán por parte del Alcalde de la placa reconocimiento de ser los primeros, tocan todo tipo de instrumentos niños, jóvenes y mayores al unísono, desfilan ordenados, nos sonríen, se hacen fotos, nos hacen fotos, les hacemos fotos….

 

Es un pueblo con encanto que cuenta hasta con una cascada ancha y bien rugiente en el mismo centro, lugar perfecto para hacer la foto recuerdo del lugar. Y como no podía faltar, justo delante del barco, la gran y preparada tienda de souvenirs donde alces, renos y  trolls combinados en los colores de la bandera noruega se despliegan en el más variopinto surtido de artefactos llamados “souvenirs”.

 

Siguiendo los recovecos llegamos al siguiente puerto, Geiranger, otro pueblecito encantador donde termina otra rama del fiordo que lleva su nombre. Rutas en bici, Kayakings en sus tranquilas (y frías!) aguas, paseos panorámicos…. Unas vistas impresionantes de los barcos fondeados en su seno, aquí no hay ni siquiera puerto de atraque y la llegada a tierra se hace en las barcas de cada crucero.

Cada vez vamos más al norte ¿estaremos ya a la altura de Groenlandia? El frío se nota más polar en cada parada (¡y estamos en mayo!), la noche apenas aparece, las casas cada vez son más escasas… El GPS del móvil es un gran invento para saber por donde vamos, y seguir la ruta zigzagueante y sinuosa del maravilloso lugar donde nos encontramos…

Pero la siguiente mañana los paisajes aislados se combinan con las formas de una zona visiblemente más poblada, Allesund, en su día, importante por la pesca del arenque, y que está formada por un conjunto de islas unidas por puentes y protegida del bravo Mar del Norte en su forma de C. Las lenguas de mar aquí son voluptuosas, y es el hombre el que se ha adaptado a ellas, encontrando barcos en las puertas de las casas, varios puertos naturales y grupos de casas salpicados entre sus lomas…

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Es aquí donde nos dejaremos el resuello para subir los 418 escalones totalmente eclécticos pero aderezados con rudimentarios bancos de madera,  estratégica y compasivamente colocados y  necesarios para tomar aliento y continuar hasta el privilegiado punto panorámico donde culminan. Merece la pena el esfuerzo, la vista alcanza hasta límites insospechados, y se aprecia la caprichosa formación geológica con que los dioses han dotado a esta tierra…

 

En la latitud más nórdica

Todo llega a su fin, y la última parada será en la tercera ciudad noruega, Trondheim, el primer lugar donde el barco no atraca en medio de la población. No es que esté lejos, se llega andando en unos 5 o 10 minutos, pero acostumbrados a ver por la ventana del camarote las cortinas de las casas de los lugareños, se nota la diferencia. A primera vista no hay mucho que ver aquí, pero caminando uno llega hasta la catedral, gótica, bien artesanada, y dando la vuelta para verla entera, aparece, la agradable sorpresa: el puente Bybrua por encima de la ría Tydligere.

No hace falta cruzarlo para reconocer otra de las imágenes de Noruega, otra hilera de casas características, con sus listas coloreadas, cuyos cimientos no son más que gruesos troncos de madera anclados en el mismo fondo del agua y que en un día con sol como el que tuvimos, se reflejan en el agua espejada doblando la intensidad de sus colores y dando intensidad a esta imagen tan representativa.

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Después de patear bien la ciudad el viaje va tocando a su fin. Hay que volver al barco…Nos vamos de Noruega y sus fiordos con la impresión de que hay una belleza natura infinita.  Este es el tipo de viajes que te dejan con ganas de volver, de repetir, de hacerlos con más calma, quizá a tu aire, sin rumbo, simplemente dejándose llevar por los sentidos allá donde te encuentres. Porque esta naturaleza, no se acaba en una vida, pero deja con muchas ganas de seguir paladeándola….

 

Hacer este destino en concreto en crucero es una muy buena opción, dado que, especialmente para los españoles, la economía escandinava es totalmente prohibitiva, y de este modo se puede pasar una semana sin necesidad de ajustar el bolsillos, sin sorpresas, centrándose sólo en disfrutar de lo que te rodea.

La comodidad del crucero, además, hace que a la vuelta ni te preocupes del equipaje. Desde que lo dejas ya preparado en la puerta de tu camarote te olvidas de él hasta recogerlo de la cinta en el aeropuerto de Madrid!. Es increíble la buena organización de Pullmantur en este caso, que nos dieron a la salida el primer día una etiqueta de facturación para el último, con lo que no hace falta hacer esas largas colas. Comodidad en estado puro, después de toda una semana visitando diferentes lugares sin tener que andar haciendo y deshaciendo maletas, esta es la guinda del pastel para llegar a casa con la sonrisa más grande.

 

Empiezo a tener calor. Me he quitado ya el jersey y estoy en manga corta, no sé si el piloto ha puesto la calefacción a tope, o que ya nos vamos calentando al acercarnos a España. Pronto podré ver por la pequeña y rectangular ventanilla del avión los dibujos de cuadros de los terrenos sembrados que nos dicen que el viaje ha terminado, pasando del azul y el verde a los tonos ocres y marrones.

No importa. Hemos sido los primeros en muchas cosas, y eso siempre queda en el recuerdo como algo especial.

Ahora te toca a ti, busca la ocasión y elije Noruega y sus Fiordos.

Déjate sorprender. Puede que no seas testigo de los primeros atraques del capitán en los puertos pero tendrás las ventajas de que la tripulación te informe de dónde ir, qué hacer o qué ver, porque ya haya estado allí.

Y de cualquier forma, la primera vez que vamos a un sitio, siempre, siempre tiene mucha magia, asi que ¡no lo dudes!

 

 

 


4 Comentarios a “Crucero por los fiordos noruegos”

  1. Luismi dice:

    Alucinante el reportaje y las fotos un 10., Vaya pedazo de viaje, yo me apunto.

  2. Isabel dice:

    Gracias por este diario tan fantástico. Nosotros nos vamos el dia 9 junio. Hicisteis alguna excursion con pullmantur? A que Hora te llevar al aeropuerto el ultimo dia? Me puedes decir las excursiones imprescindible? Mil gracias.

  3. Un gran reportaje, muy interesante y muy buenas fotos

  4. Abel dice:

    <p>Fantastica cronica hellen, Noruega es un lugar increible!</p>

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